Los resultados electorales -que de manera ineficiente y tardía la Registraduría ha ido entregando- nos han dejado con un sentimiento de desesperanza a aquellos que creemos en la democracia -o creíamos en ella- como un medio por el cual se pue
de transformar la sociedad. Hoy veo –y les doy la razón a los escépticos- que ese ideal utópico no se logra mientras haya hambre y mientras al pueblo sólo le importe el interés particular, porque sencillamente no cree en sus instituciones y no tiene ideales claros por los cuales luchar; es vergonzoso el congreso que hemos elegido –y que he legitimado al haber votado aquel 14 de marzo-, volvemos a lo mismo con un congreso lleno de nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico, inundado por la suciedad y la corrupción; es indignante como los buenos candidatos, las buenas propuestas, los verdaderos progresistas se quedan por fuera para dar paso a aquellos que se mueven entre la suciedad y la corrupción con ayuda de las maquinarias burócratas y la sucia oligarquía que nos domina.
El día de hoy me he encontrado con la columna de Héctor Abad Faciolince, que en nueve aspectos que ha llamado como la “Novena de la derrota” hace un resumen de estas elecciones, menciona entre varias cosas las acusaciones que hay contra algunos honorables candidatos ganadores, las acusaciones que se están haciendo entre partidos por corrupción y deja algo de esperanza para las elecciones presidenciales diciendo “Un cambio real y limpio todavía es posible en las presidenciales: Fajardo no está muerto”, ojala en las elecciones presidenciales el poder transformador de la decencia, le gane al poder de las sucias maquinarias políticas y de los intereses de la oligarquía. A continuación les dejaré la columna de Faciolince, pero antes quiero destacar que no está tan mal, en el congreso se han colado también buenos candidatos –aunque pocos- que uno los llamaría como parte del voto de opinión que todavía existe; también hay que celebrar que el candidato del Presidente, de los gremios y del “humilde campesinado latifundista” ha perdido su consulta para ser candidato presidencial, como dice el señor Pirry: “el pueblo es pendejo, pero no tanto”.
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Novena de la derrota
Por: Héctor Abad Faciolince
1. ASÍ HA SIDO SIEMPRE: AL que recomiendo, pierde. No importa: “de derrota en derrota hasta la victoria final”. Yo también sueño, como Martin Luther King, “en el día en que el bien derrotado vencerá al mal triunfante”.
2. Valiente triunfo el del mal. Ya Rasguño les aguó la fiesta a dos triunfadores del pasado domingo: Dilian Francisca Toro y Sammy Merheg. En las elecciones de 2006 —declaró el mafioso— les financió sus campañas políticas. Si hubiera algo de dignidad en este país, la justicia no debería permitir siquiera que se posesionaran.
3. Si “el arte de vencer se aprende en las derrotas”, según Bolívar; si “la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”, como dijo Borges, entonces es posible, en este momento de amargura, no hundirse en la desesperanza.
4. Los liberales acusan al PIN de fraude en el Valle; Cambio Radical acusa a los liberales de fraude en la Costa; el Polo acusa a los conservadores de fraude en Bello y en Medellín; el Partido de la U acusa al Polo de clientelismo en Bogotá; el Polo acusa al Partido de la U de tener candidatos untados de paramilitarismo; los liberales acusan a Cambio Radical de clientelismo en Barranquilla. Todos tienen razón. Despejen uno por uno los elementos de este fuego cruzado: no queda títere con cabeza, todos hacen trampa.
5. Sesenta congresistas de la anterior legislatura están en la cárcel por parapolítica o nexos con el narcotráfico. Antes de entrar la nueva camada de senadores y representantes, ya hay unos 30 cuestionados en su ética pública. Compran votos, usan coacción contra los electores. La Fiscalía tendría que intervenir incluso antes de que se posesionen, para evitar que estos traficantes de la democracia adquieran inmunidad parlamentaria y alarguen sus procesos. Cuando los condenen, será tarde: robando, habrán recuperado la inversión.
6. El mismo Partido Verde de Mockus, supuesto triunfador de los independientes, ya tiene un senador que no se puede posesionar. Cometió actos indebidos en Boyacá y está inhabilitado. El que lo reemplaza, Romero, dicen en Santander, es mucho peor. Y la senadora que más votos sacó, de los Verdes, es una fanática: ganó gracias a una campaña absurda por la cadena perpetua de violadores. Tocó la fibra de los niños, una fibra fácil, teñida de populismo.
7. Lo bueno de la derrota —dice Saramago— es que no es definitiva. Y lo malo de la victoria —añade— es que tampoco lo es. Vean: Uribito celebraba hace ocho días; hoy llora.
8. En el escenario más sucio de la política, el de las elecciones parlamentarias, perdieron los que juegan limpio y ganaron los que se mueven con habilidad en la suciedad. Ganaron, sí, pero ¿qué ganaron? Ganaron otras elecciones teñidas de compra de votos. No hay nada que celebrar.
9. Un cambio real y limpio todavía es posible en las presidenciales: Fajardo no está muerto. Derrotado por los sucios, más limpio se ve. Y su primera acción debería ser convocar a una Constituyente para revocar este nuevo Congreso Admirable, otra vez infectado por hampones.