domingo, 21 de marzo de 2010

Resumen de las elecciones parlamentarias

Los resultados electorales -que de manera ineficiente y tardía la Registraduría ha ido entregando- nos han dejado con un sentimiento de desesperanza a aquellos que creemos en la democracia -o creíamos en ella- como un medio por el cual se puede transformar la sociedad. Hoy veo –y les doy la razón a los escépticos- que ese ideal utópico no se logra mientras haya hambre y mientras al pueblo sólo le importe el interés particular, porque sencillamente no cree en sus instituciones y no tiene ideales claros por los cuales luchar; es vergonzoso el congreso que hemos elegido –y que he legitimado al haber votado aquel 14 de marzo-, volvemos a lo mismo con un congreso lleno de nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico, inundado por la suciedad y la corrupción; es indignante como los buenos candidatos, las buenas propuestas, los verdaderos progresistas se quedan por fuera para dar paso a aquellos que se mueven entre la suciedad y la corrupción con ayuda de las maquinarias burócratas y la sucia oligarquía que nos domina.

El día de hoy me he encontrado con la columna de Héctor Abad Faciolince, que en nueve aspectos que ha llamado como la “Novena de la derrota” hace un resumen de estas elecciones, menciona entre varias cosas las acusaciones que hay contra algunos honorables candidatos ganadores, las acusaciones que se están haciendo entre partidos por corrupción y deja algo de esperanza para las elecciones presidenciales diciendo “Un cambio real y limpio todavía es posible en las presidenciales: Fajardo no está muerto”, ojala en las elecciones presidenciales el poder transformador de la decencia, le gane al poder de las sucias maquinarias políticas y de los intereses de la oligarquía. A continuación les dejaré la columna de Faciolince, pero antes quiero destacar que no está tan mal, en el congreso se han colado también buenos candidatos –aunque pocos- que uno los llamaría como parte del voto de opinión que todavía existe; también hay que celebrar que el candidato del Presidente, de los gremios y del “humilde campesinado latifundista” ha perdido su consulta para ser candidato presidencial, como dice el señor Pirry: “el pueblo es pendejo, pero no tanto”.

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Novena de la derrota

Por: Héctor Abad Faciolince

1. ASÍ HA SIDO SIEMPRE: AL que recomiendo, pierde. No importa: “de derrota en derrota hasta la victoria final”. Yo también sueño, como Martin Luther King, “en el día en que el bien derrotado vencerá al mal triunfante”.

2. Valiente triunfo el del mal. Ya Rasguño les aguó la fiesta a dos triunfadores del pasado domingo: Dilian Francisca Toro y Sammy Merheg. En las elecciones de 2006 —declaró el mafioso— les financió sus campañas políticas. Si hubiera algo de dignidad en este país, la justicia no debería permitir siquiera que se posesionaran.

3. Si “el arte de vencer se aprende en las derrotas”, según Bolívar; si “la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”, como dijo Borges, entonces es posible, en este momento de amargura, no hundirse en la desesperanza.

4. Los liberales acusan al PIN de fraude en el Valle; Cambio Radical acusa a los liberales de fraude en la Costa; el Polo acusa a los conservadores de fraude en Bello y en Medellín; el Partido de la U acusa al Polo de clientelismo en Bogotá; el Polo acusa al Partido de la U de tener candidatos untados de paramilitarismo; los liberales acusan a Cambio Radical de clientelismo en Barranquilla. Todos tienen razón. Despejen uno por uno los elementos de este fuego cruzado: no queda títere con cabeza, todos hacen trampa.

5. Sesenta congresistas de la anterior legislatura están en la cárcel por parapolítica o nexos con el narcotráfico. Antes de entrar la nueva camada de senadores y representantes, ya hay unos 30 cuestionados en su ética pública. Compran votos, usan coacción contra los electores. La Fiscalía tendría que intervenir incluso antes de que se posesionen, para evitar que estos traficantes de la democracia adquieran inmunidad parlamentaria y alarguen sus procesos. Cuando los condenen, será tarde: robando, habrán recuperado la inversión.

6. El mismo Partido Verde de Mockus, supuesto triunfador de los independientes, ya tiene un senador que no se puede posesionar. Cometió actos indebidos en Boyacá y está inhabilitado. El que lo reemplaza, Romero, dicen en Santander, es mucho peor. Y la senadora que más votos sacó, de los Verdes, es una fanática: ganó gracias a una campaña absurda por la cadena perpetua de violadores. Tocó la fibra de los niños, una fibra fácil, teñida de populismo.

7. Lo bueno de la derrota —dice Saramago— es que no es definitiva. Y lo malo de la victoria —añade— es que tampoco lo es. Vean: Uribito celebraba hace ocho días; hoy llora.

8. En el escenario más sucio de la política, el de las elecciones parlamentarias, perdieron los que juegan limpio y ganaron los que se mueven con habilidad en la suciedad. Ganaron, sí, pero ¿qué ganaron? Ganaron otras elecciones teñidas de compra de votos. No hay nada que celebrar.

9. Un cambio real y limpio todavía es posible en las presidenciales: Fajardo no está muerto. Derrotado por los sucios, más limpio se ve. Y su primera acción debería ser convocar a una Constituyente para revocar este nuevo Congreso Admirable, otra vez infectado por hampones.


domingo, 14 de marzo de 2010

¿QUIEN LE DEBE A QUIEN? - LA VERDADERA DEUDA EXTERNA

Con motivo de los 515 años de la invasión española, esta enorme pieza lógica del cacique Guacaipio Cuautémoc*, ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea celebrada en marzo del 2000. Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea, el Cacique logró inquietar a su audiencia cuando dijo:


«Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.

Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo quinientos años. Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.

El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.

El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.

El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.

Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses.

Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1.503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.

¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!

¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!

¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.

Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan «Marshalltezuma», para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?

Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.

En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo.

Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.

Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestros hermanos europeos la viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo.

Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.

Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?

Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.»

* Tomado del libro "La salud desde la dimensión autopoiética", de Hernando Vanegas Toloza.

Cortesía de Andrés Felipe Londoño

sábado, 13 de marzo de 2010

El voto con botas y otros 'cuentos' electorales

El carrusel, la marca del candidato zorro, y botas a cambio de votos, son solo algunos de los cuentos con que los aspirantes embaucan a los electores para conseguir un final feliz en las urnas. Los que caen en la trampa ignoran que están cometiendo un delito que se paga con cárcel.

Existe un país donde los políticos corruptos perfeccionan sus trucos cada vez que se avecinan las elecciones: De promesas incumplidas, pasaron a la entrega de mercados, botas, subsidios, dinero y cuánta prebenda consideren les pueda garantizar un lugar en la corporación a la que aspiran.

Sus blancos, los electores, poco se cuestionan sobre la legalidad de sus prácticas y ya les parece normal que los alcaldes acompañen a su hermano candidato en campaña, o que en una entidad pública, se obligue a los trabajadores a votar por determinados aspirantes.

Ese país es Colombia, y en su territorio, estas prácticas están tan institucionalizadas que en las emisoras de radio no es raro escuchar comerciales que al son de un vallenato le dicen al elector: “¡Si te compran tu voto, véndelo, pero vota por otro!”

De acuerdo con una encuesta realizada por Invamer Gallup a fines del año pasado, el 7% de los colombianos aceptó haber vendido alguna vez su voto a cambio de dinero en efectivo, mercado o trabajo, lo que significa que los sobornos podrían alcanzar hasta el 12% del censo electoral. Según la encuesta, si bien al 22% de los entrevistados no se le ha comprado directamente el voto, se le ha prometido a cambio de su apoyo, trabajo, vivienda o becas.

Estos resultados son un reflejo de los cambios en las modalidades de compra de votos: Se ha pasado del pago en efectivo (que dependiendo de la región puede costar desde $20 mil hasta $200 mil), a la entrega de mercados, materiales de construcción e incluso sobornos con ayudas estatales como los subsidios de Familias en Acción y la promesa de inclusión en el sistema de identificación del Sisben.

“Lo que importa es que haya un beneficio para el elector, hecho que en cualquier circunstancia constituye un delito”, dice Nicolás Montoya, encargado del área jurídica de la Misión de Observación Electoral (MOE).

Mientras estas prácticas se repiten a lo largo y ancho del país, el Consejo Nacional Electoral se ha quejado de la falta de recursos para crear suficientes tribunales de garantía que disminuyan estos riesgos, que por supuesto se acentúan durante la jornada de votación.

Ese día, por ejemplo, en las zonas geográficamente más dispersas, los candidatos disponen buses, refrigerios y bebidas, lo que sin duda busca comprometer al elector con su aspiración. Pero hay otros delitos que suceden en época electoral.


Alí Babá y sus 40 líderes

Además de las promesas individuales, ha hecho carrera la compra de líderes barriales o comunales, capaces de aportar hasta 500 votos por candidato, que disfrazan su capacidad de adherir electores a ciertas campañas como parte de su proselitismo legal. “Esa compra es muy fácil de enmascarar porque el “salario” de un líder no se refleja en la contabilidad. Si 20 líderes le están trabajando a un candidato que paga hasta 200 millones de pesos por ellos, seguro ya ha superado los topes y eso es muy difícil de detectar”, agrega Montoya.

Las autoridades han encontrado que ya no solo hay compra de líderes que garanticen votos, sino que el negocio va más allá. Ese líder se “vende” porque el candidato además le garantiza apoyo político en una futura campaña a concejo, asamblea o cargo de elección popular en el que seguramente necesitará de maquinarias. También puede suceder lo contrario: Que el líder se “regale” ante la amenaza de que el candidato bloquee una futura aspiración política en razón a su poder regional.

La cámara escondida

¿Pero cómo comprobar que ese elector efectivamente depositó en las urnas el voto por el candidato que le pagó? Uno de los mecanismos es la toma de fotos del tarjetón para verificar donde se marcó la X. En la medida en que la prohibición del uso de celulares se ha extendido, esta práctica se ha controlado, pero siempre hay nuevas “mañas” para ingresar cámaras pequeñas.

El Carrusel

“Te entrego uno marcado y me devuelves uno sin marcar”, es la lógica de este fraude. Éstos son los pasos que utilizan los corruptos:
1. El grupo encargado del fraude consigue un tarjetón en blanco a través de sus contactos en la registraduría.
2. Ese tarjetón es marcado, tachando el partido y número del candidato que compra al elector.
3. El tarjetón marcado es entregado al primer elector cuya tarea consiste en depositarlo cuando ingrese al puesto de votación, en vez del tarjetón sin marcar que le asignan en la mesa los jurados.
4. Una vez afuera, debe entregar el tarjetón en blanco al grupo del fraude para recibir el pago.
5. El grupo marcará nuevamente el tarjetón limpio con el número y partido del candidato que está cometiendo el fraude, y se lo dará al próximo elector en la fila. De esta manera se garantiza que el votante deposita en efecto el tarjetón marcado y que el carrusel de votos pueda continuar.

La marca del candidato zorro

Una modalidad de fraude en la que se ven implicados los jurados de votación consiste en que a la salida de la urna, el elector le enseña a ese jurado por quien votó. Esto por supuesto es ilegal, pues ningún jurado puede exigir que le enseñen el tarjetón después de ser marcado y antes de depositarlo a la urna. Pero cuando de corroborar votos se trata y si ya hubo corrupción de por medio, el jurado entregará junto con la cédula y el certificado electoral, algún distintivo como medallas, imágenes religiosas o incluso marcas en el certificado que indiquen que el elector efectivamente tachó el número del candidato de quien recibió la plata.

Los pobres viejecitos

Una práctica que se ha institucionalizado es la de usar a niños como acompañantes de adultos mayores o discapacitados. Como los niños pueden entrar a los puestos de votación, ellos reciben hasta $10 mil pesos por verificar que ese elector marcó en el tarjetón el candidato indicado, o incluso, llegar a marcarlo por él/ella. A veces es el mismo menor quien acompaña a una larga fila de personas. “En algunos lugares del país donde hay una alta población de enfermos mentales, se presentan elecciones atípicas con un bajo nivel de abstención y en favor a un candidato”, dice Montoya. En las elecciones pasadas todos los pacientes del manicomio de San Carlos, Antioquia, votaron.

La plantilla mágica

Otro método de fraude que usan es poner una plantilla sobre el tarjetón, que está diseñada para que queden abiertos solo los campos correspondientes al partido y al número del candidato. Esto obliga al elector a que marque sólo el espacio que queda libre, que favorece directamente a un candidato.

El voto con botas

Aunque en esta modalidad no se puede certificar por quien votó el elector, sí es una práctica que garantiza que el voto se deposite en la urna. En Chocó la MOE detectó una práctica macabra que apela a la pobreza de los votantes. El candidato ofrece un zapato antes de ir a las urnas, y promete el par compañero una vez el ciudadano salga con el certificado electoral.

Moraleja:

Tanto el que compra como el que vende el voto incurre en un delito que es sancionado de dos formas: Multas y prisión. Las multas oscilan entre 133 y 750 salarios mínimos legales vigentes (hoy día esto significa entre $73 millones y $412 millones) y la pena de cárcel puede ser fijada entre 4 y 7 años para quien compra el voto, y entre 1 y 3 años para quien lo vende. Estas penas son aún más graves si quien comete el delito es un servidor público. Por eso, simplemente, no venda su voto.


Votebien

Tomado de www.votebien.com