viernes, 6 de abril de 2012

PODER Y CORRUPCIÓN

Una visión psicoanalítica de la sociopatología.

Desde el punto de vista psicológico a la corrupción se le puede catalogar como un cáncer social ocasionado por individuos psicópatas (antisociales). Es una enfermedad tan grave que en muchas ocasiones, al igual que en un enfermo con cáncer terminal, la sociedad tiende a resignarse y aceptarlo como una mal incurable. El origen de esta enfermedad radica en factores psicológicos y ambientales. Sólo me referiré, desde el punto de vista psicoanalítico, al hecho psicológico que afecta tanto al individuo como al grupo social.

¿Qué busca el corrupto? Obtener un beneficio personal, habitualmente económico, con la participación de otro, también corrupto, sin importar las normas sociales. ¿Por qué se desea cada vez más este beneficio y se le busca a toda costa y en forma insaciable? Porque se ambiciona el poder, bien sea político, económico, social, religioso, etc. ¿En qué consiste este poder? Es una vivencia que hace sentir al individuo más fuerte que los demás, capaz de influenciarlos y dominarlos. Esto se observa tanto en animales como humanos. Por ejemplo el animal o la manada pelean por su territorio o el macho por poseer las hembras, en otras palabras, luchan por tener poder sobre los otros y someterlos a sus necesidades.

Esta vivencia del ser humano, que no es patológica en sí misma, tiene origen en la mente del infante, quien, al desear algo y no poderlo obtener, busca refugiarse en una fantasía omnipotente y mediante ella sentirse capaz de realizar cualquier deseo. En esto se basan los cuentos e historietas infantiles cuyo héroe habitualmente es superpoderoso. El adulto sano habitualmente renuncia a esta fantasía y emplea su necesidad de poder en forma constructiva, fomentando el desarrollo, evolución y bienestar del grupo social.

En el individuo enfermo esta fantasía persiste reprimida en la psique y de alguna forma tiende a expresarse mediante la búsqueda ansiosa de la vivencia de poder. El origen de esta persistencia muchas veces radica en que el niño tuvo experiencias traumáticas con un padre, una madre o un ambiente autoritarios que lo hicieron sentir minusvalorado y le generaron sentimientos de inferioridad que en la adultez intenta superarlos ansiando el poder.


Esta búsqueda se vuelve destructiva cuando se usa para satisfacer necesidades personales sin tener en cuenta las de los demás. Esto se puede observar no solo en la corrupción sino en otros fenómenos sociales desencadenados por líderes enfermos como las guerras, el terrorismo, el fanatismo, las mafias y la política enfermiza como la llamada 'narcopolítica'. En estas expresiones sociales es evidente que sus líderes no han renunciado a esa fantasía infantil sino que por el contrario la actúan sin importar cuán destructiva sea, pudiendo llegar estos individuos a niveles francamente delirantes.

En la patología mental del corrupto se ponen en juego una serie de ansiedades y conflictos inconscientes como las necesidades voraces, la envidia, los celos y especialmente el narcisismo patológico, también llamado maligno. ¿Qué es narcisismo? Es la necesidad de quererse a sí mismo. Es sano cuando se manifiesta en autoestima y en búsqueda de satisfacciones personales sin hacerles daño a los demás. Se vuelve patológico cuando se pierde este fin y se abandonan las normas morales. De esta manera nace el corrupto, comienza el cáncer.

El narcisismo del corrupto es exitoso cuando la sociedad es permisiva y lo deja impune. Los psicópatas carecen de sentimientos de culpa y gracias a la impunidad se sienten invulnerables e insaciables, con la sensación de triunfo narcisista y de desprecio por la sociedad, fenómeno mucho más grave si el corrupto es un dirigente pues habitualmente se convierte en un modelo social. Este hecho individual afecta al grupo, porque si la sociedad sana no lo enfrenta y hace justicia, la parte enferma de la sociedad, al observar que el corrupto tiene éxito, se identifica con él y por tanto tenderá a corromperse, para así multiplicar exponencialmente la conducta delictiva. En tales circunstancias la enfermedad inexorablemente corroerá a la sociedad.

La prevención de esta enfermedad ante todo se debe llevar a cabo especialmente en el niño mediante el fortalecimiento de una autoestima sana y de los valores morales, empezando en la familia y las instancias educativas. Si un niño observa a sus padres, sus maestros o sus dirigentes, ser complacientes con la transgresión de las normas, donde hacerle daño al otro no tiene importancia, ahí se estarán sembrando las semillas de la futura psicopatía y por tanto del futuro corrupto. Mucho más si la cultura dominante alaba al avispado, al pícaro, al sinvergüenza, porque esos son los que 'triunfan' fácilmente.

Por Alfonso Sánchez Medina MD

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